miércoles, 10 de diciembre de 2014

Finis Terrae




Fin de año
Cinco minutos para el cambio de año. Finisterre (Galicia, España)

–A falta de escasos minutos para que concluya el año, devolvemos la conexión a nuestra enviada especial en Finisterre.
»Todo preparado para esta entrada de año tan especial. ¿Verdad Nacha?
–Efectivamente Juanra. Como ya hemos informado en la conexión anterior, para celebrar el ciento setenta y cinco aniversario de la puesta en marcha del faro de Finisterre, el señor Bayardo, alcalde del municipio, hará sonar doce veces la sirena de niebla, acompañando de esta manera tan singular a nuestras tradicionales uvas de la suerte. El tráfico marino ha sido debidamente informado de dicha eventualidad, y buques de la armada y salvamento marino patrullan las aguas ante posibles incidencias.
»¡Atención Juanra! Ha llegado el momento. Preparen sus uvas y… ¡Feliz entrada de año!

jueves, 6 de noviembre de 2014

Leyenda urbana

Me mira como lo haría la serpiente Kaa, anulando mi yo. No hace mucho que inicié la búsqueda de la verdad oculta tras una ilusión nunca desmentida del todo y ahora, cuando estoy en posesión del terrible secreto, sé que no habrá mañana. Me despido en silencio, no tanto por las fuerzas que me encadenan como por la certidumbre de la soledad que abriga mis últimos segundos de vida, que hace estéril cualquier petición de auxilio, y siento pena por todo lo que pierdo por no escuchar al viejo Tizitl, el que fue ungido en arcilla. No habrá lápida que señale mis despojos; dudo que quede mucho de mí. Un suspiro de resignación y de vida escapa del globo deshinchado que es mi cuerpo cuando sus dientes me desgarran la piel y la carne, y me hundo en la oscuridad del olvido entre burbujas de aire y sangre diluida.

viernes, 17 de octubre de 2014

Su única alternativa


Ilustración de Tazab que acompañó la publicación de este relato
en el número 1 de la revista El silencio es miedo 




–¿Es lo único que puede ofrecerme?
–Créame que lo siento.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Una moneda para Caronte

Sólo hay que saber leer entre líneas las verdades contenidas en los viejos textos para dar con el barquero… Y tener la voluntad y el coraje de querer llegar hasta él.

martes, 9 de septiembre de 2014

Un cuento antes de dormir

Flor Rodríguez de Almansa



Dedicado a quien pudo ser…

El Cuentacuentos recorría la Calle del Ángel todos los días pasados cinco minutos de las nueve de la noche. Montaba una flamante bicicleta color rubí con radios de plata, y con breves toques de timbre acompañaba sus cantos, que tomaban la forma de pajaritas de papel dorado. Los pequeños seguían el avance de la estela rojiza, sólo visible para sus ojos inocentes, con las naricillas pegadas al cristal de las ventanas, sintiendo cómo las pajaritas doradas se derretían sobre sus cabellos limpios y perfumados en forma de bellas historias de dragones y princesas que invitaban al sueño. Y cuando éste finalmente venciera, el primer suspiro que el niño dormido exhalara llegaría al Cuentacuentos en forma de botón, del tamaño, color y material más diverso, que éste guardaría con cariño en las alforjas de piel que llevaba su espalda.

lunes, 30 de junio de 2014

Una extraña libertad

Jean-Luc es consciente de que ha gritado; allí se despiertan todos gritando. El sudor frío que empapa la mugre de su cuerpo desnutrido, escocido  hasta la locura donde las chinches se han dado su festín, le aviva el recuerdo de la pesadilla que ha terminado por despertarle. Hoy, sin embargo, la naturaleza del tormento que ha acompañado su nimio descanso –luz blanquísima, voces amortiguadas y un olor desconocido cuyas enseñanzas jamás sabrían identificar con el desinfectante– ha sido bien distinta de aquel otro al que se refiere como La Pesadilla y que lo visita todas las noches desde que sus ansias por defender Tierra Santa, espoleadas por el fanatismo, la fiebre y la ambición de no pocos, fracasaran estrepitosamente en la funesta jornada de Los Cuernos de Hattin. La Pesadilla es fruto del encierro y de su estupidez por no escuchar, Deja que cada cual honre a Dios a su manera, a su padre, el señor de La Jetée. Y la imagen de una madre anegada en lágrimas no contribuye al descanso de su espíritu.

jueves, 19 de junio de 2014

La anciana que robaba libros de Harry Potter


Huang representaba la primera generación de la familia Hóu nacida en España. Llamado Juanjo por sus amigos oriundos de aquellas lejanas tierras del sur donde finalmente se afincaron sus padres un caluroso cuatro de agosto, recibió su educación en uno de los mejores centros privados de la zona, pues se había fijado que su futuro estuviera bien lejos de la tiranía del pequeño negocio familiar. Pero el Destino es un dios testarudo poco dado a escuchar los anhelos de los hombres, y ya había reservado para el primogénito de los Hóu una meta tan ajena a los deseos de sus padres como podía serlo la librería El perro de Ulises.

martes, 3 de junio de 2014

Confidencias de un superhéroe anónimo

No era lo que podría llamar un superhéroe al uso, de esos a los que estaba acostumbrado a ver en prensa y televisión, y así se lo dijo tras un buen trago de café con leche, «No pareces un superhéroe», haciendo sonreír a su enigmático acompañante.

martes, 13 de mayo de 2014

Pertenecemos a una nueva raza

Inspirado en hechos reales…

Me veo reflejado en ellos. En sus ojos carentes de vida y en cómo apartan la mirada cuando son observados con atención; avergonzados la mayoría, agresivos los menos. Pertenecemos a una nueva raza de seres con el alma perdida, obligados a arrastrar nuestro cuerpo moribundo entre los vivos. Y cada vez somos más, como si no existiera una cura para este mal que nos absorbe la vida, las fuerzas y la ilusión. No tengo trabajo y hoy, por primera vez en semanas, he aplastado mi pelo revuelto antes de ir a desayunar.

lunes, 28 de abril de 2014

«Al fin nos encontramos». Una fantasía

"Prendimiento de Cristo"
Alberto Durero
(1508)

No sé cómo he llegado hasta aquí, aunque tengo claro que ha sido cosa de Padre. Quiere que entienda porqué tuve que dar la vida por ellos, y por eso me hace saltar de un sitio a otro, viviendo épocas distintas. Estudiándolos; intentando comprender. Y a pesar de todo lo visto, o precisamente a causa de ello, cada vez estoy más confuso. He visto los horrores cometidos bajo la sombra de Padre, independientemente de la forma con la que fuera llamado, llorando amargo ante las injusticias perpetradas en el nombre de María. Y ahora me encuentro aquí, en una ciudad en aparente paz y clara festividad, sin saber qué se espera de mí.

viernes, 11 de abril de 2014

Punto de inflexión… ¡Exterminio!

Uno

Las luces se encendieron tras el desconcierto en forma de alarma. Amaneció, y el lunes no era lunes, sino que era martes; así se lo habían indicado los encargados de recepción la noche antes. Desde aquel fatídico jueves de hacía ya tres años, el jueves pasó a ser viernes, el viernes se transformó en sábado y así continuó hasta completar la semana, los meses y los años transcurridos desde entonces, borrando con ello del recuerdo colectivo de los supervivientes ese día dieciocho en el que la Marea Roja arrasó los continentes de manera imprevista, sesgando vidas y almas, y obligándolos a refugiarse en los túneles del metro.

martes, 1 de abril de 2014

El fuego robado: un relato de terror clásico

Derecho en el derecho, izquierdo en el izquierdo ¡Otra vez! Derecho en el derecho, izquierdo
El proceso es simple, como hubiera dicho su padre el científico de haber estado a su lado; «¡lógico!» habría exclamado de haberse desesperado con él. Su discurrir infantil sabe diferenciar el zapato derecho del izquierdo, en qué pie va cada uno, y aún así el izquierdo se niega a obedecer. ¡¡Una vez más!! Un poco más lento esta vez. Pie derecho en el zapato derecho. ¡Bien! Pie izquierdo en el zapato izquierdo… Desesperado, tira el zapato todo lo lejos que puede, quebrando sombras que se ocultan del cuadrado de plata que rasga la oscuridad a través de la ventana; fulgor de una luna hinchada, tan llena de luz como vacío está su corazón. Algo en su interior le impulsa a llorar pero las lágrimas, secas desde hace tiempo, se niegan a diluir su frustración. En vez de eso, se le inflaman los ojos, siente un calor enloquecedor y la ira se desborda, arramblando con todo y contra todos; destrozando con su propio cuerpo maderas, telas y lozas hasta que los restos de la tempestad hacen sangrar su pie desnudo. Y la vida que se le va a chorros, espesa y caliente, le ayuda a recuperar el domino de sí mismo, busca a tientas el zapato perdido y comienza el proceso de nuevo. Pie derecho en el zapato derecho. Pie izquierdo

jueves, 20 de marzo de 2014

«A través del espejo». Pura magia

La ciudad amaneció envuelta como un inmenso regalo. Los carteles se hallaban colocados por doquier, en sitios y a alturas imposibles, anunciando, blanco sobre rojo, lo siguiente:

«A través del espejo»
Pura magia que cambiará su vida para siempre.
Apto para todos los públicos.
Función única con aforo limitado.
Produce: Compañía Guonderlan

miércoles, 12 de marzo de 2014

El color de tus tacones



Ese fin de semana había verbena en el barrio. Esperábamos en el andén del cercanías la llegada de nuestro viejo amigo Mario entre chistes, risas y bravuconerías propias de la edad, y para grata sorpresa de los chicos de la pandilla –y suspicacia malintencionada de las chicas–, se presentó acompañado de su prima, de nombre Tina, pelo ondulado y un metro setenta de altura, aumentada en al menos ocho centímetros por los zapatos de tacón de aguja modelo Navigation que vestía –este último dato me fue suministrado por mi buen amigo Pareja, grafitero en sus momentos de rebeldía que para esas cosas tiene un ojo clínico que raramente falla–. Intenté el acercamiento desde el primer instante, pero todos mis esfuerzos por romper el hielo se estrellaron estrepitosamente contra los muros de defensa levantados, sin razón aparente, por la chica.

viernes, 28 de febrero de 2014

Epílogo en el Segundo Octante


Botas militares con anclajes de superficie, el seguro de los subfusiles de asalto en la posición «off» y la mira de visión nocturna apuntando hacia lo desconocido. Las figuras blindadas se camuflaban negro sobre negro contra el telón de fondo tendido por el espacio profundo, salpicado aquí y allá por puñados de estrellas que titilaban como sólo lo hacen cuando los dioses se burlan de las preocupaciones humanas. El avance es lento, extremadamente cauteloso, eclipsado por la achaparrada forma de la fragata de vigilancia ARR Aldebarán que apunta desapasionadamente sus cañones contra la nave a la deriva, y de esa forma los dos asaltantes llegan a la escotilla principal, momento de máxima tensión al barajarse la probabilidad del ataque de un artificial en cortocircuito que hubiera asesinado a la tripulación –no sería la primera vez–. Bajo la nerviosa vigía de su joven compañero que apunta el arma hacia lo que pudiera escapar junto con el aire enclaustrado, el oficial al mando destraba los seguros, agarra la manija de apertura y tira de la escotilla, siendo recibido por el aburrido bostezo de una pequeña sala estanco perfectamente equipada. El controlador de la misión da luz verde para la fase 2.
Con ellos entra el frío vacío del espacio, se da una vuelta por la pequeña sala y vuelve a salir con un siseo, dejando solos a los asaltantes. Restablecido el flujo de oxígeno, libre de contaminantes según todas las lecturas, los milicianos desconectan el sistema de soporte vital. El aire posee un leve tufo a descomposición y, temiendo lo peor, la pareja comienza el registro del pequeño vehículo del que tan poco saben, salvo que el número de serie remonta su ensamblado a los últimos años de la primera República Rebisiana.
Mucho ha transcurrido desde que la última pieza de aquella astronave saliera de la empresa de suministros aeroespaciales Industrias Dimaco para ser ensamblada. La estación espacial Rebis, la inmensa rueda del más variopinto material que rodea La Tierra en paralelo a su línea de ecuador, vivía un período de bonanza que duraba ya siglo y medio. Atrás quedaba la dura invasión militar que supuso el fin de la primera República, y los escasos tres meses de Monarquía absoluta –Dios le dio el poder y el pueblo se lo quitó– que precedió a la segunda. Y ahora, sin previo aviso, una reliquia de tan lejanos tiempos rompía el perímetro de seguridad que cercaba el borde exterior del Sistema Solar, declarándose el estado de alerta en el Segundo Octante, y mandando a la fragata de vigilancia ARR Aldebarán en una misión de reconocimiento con licencia para disparar primero y preguntar después.
El misterio se ve acrecentado cuando los asaltantes descubren el más variopinto armamento, de una antigüedad apreciable aunque en perfectas condiciones de uso, almacenado con maniático orden militar en todos y cada uno de los habitáculos de la astronave; y en una cantidad considerable, como para surtir a un pequeño ejercito. Diríase el depósito abandonado de alguna extinta célula terrorista y los asaltantes empiezan a temer seriamente por sus vidas, pues estos almacenes errantes suelen ser altamente inestables.
Con los músculos agarrotados y los nervios a punto de ceder alcanzan al fin la cabina, donde el hedor se hace más intenso a medida que se acercan al cuerpo desmadejado del piloto, o mejor dicho, la piloto, pues se trata de una humana de mediana edad, el pelo entrecano recogido en una coleta, no muy alta y con una férrea determinación impresa en sus rasgos aún después del tiempo que lleva muerta. Desde sus manos agarrotadas la pantalla de una pequeña consola portátil colorea sus facciones de azul, donde palpita un documento de texto con una única e incansable línea de eñes, la tecla que la mujer mantiene pulsada con el meñique de la diestra. El oficial se ve obligado a quebrar varios dedos para poder hacerse con la consola y sube miles de páginas de tozuda letra eñe hasta llegar al último escrito que la piloto realizó antes de su muerte. Dice así:

«Voy tras la estela de una enorme fuerza militar de bandera desconocida. Estoy segura de que en ella se encuentra César.
Espero que la lampetra, este mal que corroe mi cuerpo sin misericordia, me permita alcanzarle. Ya no me importa saber por qué se fue, sólo quiero verlo una última vez.
Lo abandoné todo por él ¿Se acordará de mí después de tantos añññññññ…»

El oficial sigue leyendo, ahondando en la historia de aquella pertinaz mujer, los pelillos de los antebrazos y de la nuca de punta, a la que imagina hermosa y de semblante triste; al fin y al cabo, es un romántico incurable. No lo puede remediar. La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? Según va retrocediendo en el tiempo los pensamientos confiados en el documento se vuelven más complejos y ganan en optimismo, lo que le da una idea bastante exacta de la lenta degradación, física y mental, que sufrió en la larga búsqueda del tal César, al que se refiere con todas las posibles combinaciones de amor. Y siente unos celos irracionales hacia aquel desconocido sobre el que se derrocha tanta pasión y fidelidad; y lo odia con todas sus fuerzas, maldito imbécil, por no corresponderla con la misma intensidad, abandonándola sin razón aparente treinta y siete años antes de que la muerte le llegue sola, devorada por una enfermedad, la lampetra, que tan devastadora fue siglos atrás, y con una renacida esperanza que no llegaría a confirmar: «Voy tras la estela de una enorme fuerza militar de bandera desconocida. Estoy segura que en ella se encuentra César…» ¿Quién sería aquella enamorada de los llanos estelares?
–Señor. Tengo algo.
El joven recluta juguetea unos instantes con los mandos de una consola auxiliar y al momento una grabación largo tiempo silenciada inunda la cabina envolviéndolos con un sonido duro, metálico,… muy antiguo, base de una letra escrita para el aliento; escrita para la lucha contra todas las barreras levantadas.

«Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable
... interminable.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido
... no haber nacido.»

»La consola estaba programada para reproducir en bucle esta canción. Sin duda una bajada de energía fue lo que provocó su parada.

«Todos esperan que resistas
que les ayude tu alegría
que les ayude tu canción
... entre sus canciones.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más aquí me quedo
... aquí me quedo.»

»La mujer debía escucharla a todas horas.
–Por favor. Déle un poco más de volumen.

«Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti. Pensando en ti,
como ahora piensooooo.
JULIAAAAAAAAAAAAA…»*

Y toda la desesperación que socavara la voluntad de Julia durante aquella difícil búsqueda; todas las horas que sumaron días y que terminaron siendo años cargados de dolor, ira y frustración, ruedan por las mejillas mal afeitadas de un soldado anónimo.

B.A., 2014

* Palabras para Julia. «Los Suaves» sobre poema de José Agustín Goytisolo.





Safe Creative #1610279569697

lunes, 10 de febrero de 2014

Dispara a la cabeza («En manos del destino» Parte 2)

Deciden cruzar la línea de defensa por su cuadrante sur, la zona menos hostigada hasta el momento. Sienten cómo el desprecio de los soldados destacados perfora los laterales de todoterreno como balas de un francotirador; para ellos no son más que otras dos ratas que abandonan el Titanic mientras la orquesta interpreta los primeros acordes de Nearer, My God, to Thee, a la única luz de un cielo estrellado que contempla con apatía la tragedia humana.

viernes, 7 de febrero de 2014

En manos del destino

Capítulo 1

Mis dedos son delgados y quebradizos como ramitas secas. Los hundo en el cuenco que descansa sobre la mesa auxiliar –patas labradas con delicadeza artesana, restos de cera y agujeros de termita–, y su contenido resbala hasta el borde en un desesperado intento de huir de la mano invasora. A pesar de mi avanzada edad mantengo los dedos ágiles, no así las piernas, y atrapo una de las juguetonas pastillas, que termina disolviendo su cobertura azucarada en mi boca mientras descifro las imágenes evocadas desde el hogar; recuerdos de juventud perdida y madurez malgastada que contemplo con la resignación del que ha representado correctamente su papel asignado en la farsa de la vida. Sólo ahora el destino me libera de sus garras y tengo cosas que hacer antes de comprarle un pasaje al testarudo barquero.

viernes, 24 de enero de 2014

Las reglas del Muerto

–La bola blanca es la negra.
–Y entonces… ¿Cuál es la blanca?
–Él, por supuesto.
El bar del Muerto es un tugurio nada recomendable situado en la zona más deprimida de la ciudad. Recibe el apodo de su rostro cetrino, ojeroso y grasiento, y regenta el local desde hace más de veinte años; un traspaso de su anterior y devoto propietario que lo había inaugurado en la década de los 60 con el nombre de La Capilla, en honor al pequeño retablo dedicado a San José que todavía hoy preside una esquina del deteriorado barrio. Aún puede leerse «La Capilla» en el letrero de la Cruzcampo que custodia la puerta del establecimiento pero ningún parroquiano lo conoce ya por ese nombre, pues lo llaman El Muerto en honor del actual propietario y a su cara de zombi.