jueves, 20 de abril de 2017

Terapia para el señor Milton



Llevaba más de quince años ejerciendo la psiquiatría. En ese tiempo, el doctor Edmundo Greyes había aprendido que nada relajaba más a sus pacientes que el encontrarse en un entorno conocido, esperado, aunque lindara ridículamente con la teatralidad. Así, lo primero que vio el señor Milton cuando entró en el despacho fue un enorme diván junto al que esperaba sentado el psiquiatra con las piernas cruzadas, sosteniendo entre sus manos una libreta y un lápiz bien afilado. Todo muy hollywoodiense. «Cuénteme», le animó el doctor Greyes mirándolo por encima de sus gafas de montura metálica, y Adolfo Milton, estirado cuan largo era sobre el diván, se dejó ir, desgranando una historia de tintes pesadillescos que ya duraba un buen cuarto de hora.
–Al principio eran divertidos. Entrañables como niños encabezonados.
–¿De quién habla exactamente?
–Llámelos como quiera; la lista es larga. Zombis, Infectados, Caminantes,... Hay quienes los llamaban «Chachos».
»Gritaban: «¡Que vienen los chachos!». Qué ridículo, je, je, je.
–Está hablando de muertos vivientes.
–Correcto, doctor.
–Interesante...
–Como le decía, eran divertidos, con sus andares torpes y ese gemido largo e ininterrumpido suyo tan característico.
–¿Podría imitarlo?
–Vamos a intentarlo; siempre se me han dado bien las imitaciones.
»Sonaba algo así como: «Ggggggggggggggg…».
–Lo ha hecho perfectamente. Continúe, por favor.
–El Apocalipsis Zombi sacó lo peor de la humanidad, aunque también se dieron momentos que usted elogiaría como heroicos, por supuesto.
»Algunos filántropos pusieron su vida en peligro con el único propósito de rescatar las obras de arte olvidadas en los museos, y otros se preocuparon de guardar una copia impresa de los grandes títulos de la literatura universal: El Quijote, La Divina Comedia, Hamlet, Manolito Gafotas,... El Kamasutra, por supuesto. La Biblia, el Corán, el Talmud... Pero en general, el arte no fue la prioridad de los supervivientes, y quedó abandonado a su suerte.
»La Gioconda acabó en el baño de uno de los muchos caciques que se erigieron por aquel entonces, y cierto presidente europeo de cuyo nombre no quiero acordarme se llevó los atributos del David de Miguel Ángel. Qué cosas, ¿no?
–Mala situación la que relata.
–No se puede hacer una idea. El número de infectados aumentaba día a día, y con los miembros del gobierno en huída tipo «El último paga», sólo quedaron pequeños grupos medianamente organizados en lucha desesperada.
»Yo me infiltraba en esos asentamientos y hacía lo que estaba en mi mano para divertirme. Como la riqueza material no tenía valor, se mataba y moría por un puñado de arroz, y aún quedaban algunos pocos a los que se les podía tentar con poder o sexo, pero llegó un momento en que no fue fácil diferenciar a los supervivientes de los infectados, tal era la desesperanza que los embargaba. Vivos muertos contra muertos vivos. Dejó de tener gracia.
–Gracia... Le atrae el caos. ¿Verdad?
–El mal es mi negocio, je, je, je. Pero la situación se había salido de madre.
»No sé en qué demonios pensaba el Viejo cuando los creó; estuvo a punto de exterminar a la humanidad.
–¿Quién es el «Viejo»?
–¿Hace falta que le responda? Dios, Yahvé, Alá,... Elija el nombre con el que se sienta más cómodo.
–Entonces usted es…
–Hay una estatua mía en el Retiro. Yo era su favorito, el más hermoso de la corte celestial.
»Luzbel, portador de la luz; Belcebú, señor de las moscas; el gran dragón; el padre de la mentira; Satán; Lucifer;...
–El Diablo.
«Don diablo se ha escapado/Tú no sabes la que ha armado/Ten cuidado, yo lo digo por si».
»Lo siento. No he podido contenerme, je, je, je.
–Canta bien.
–Me ayuda en mis quehaceres.
–Sus quehaceres...
–Como le decía, al Viejo se le fue la mano con los zombis; debería haberse contentado con los vampiros.
–¿También me va a hablar de Drácula?
–Son el mismo perro con distinto collar. Es cierto que no estaban muertos de forma... definitiva y que el cerebro les funcionaba, más o menos, pero no dejaban de ser unos infectados que propagaban su ponzoña allá por donde iban. Como los licántropos, aunque éstos se diluyeron entre sus hermanos lobos.
–¿Y Frankenstein?
–Eso es literatura para una tarde de lluvia, doctor. Seamos serios.
–Le pido perdón, señor Milton.
»Continúe, por favor.
–De acuerdo, pero no interrumpa con tonterías. Le decía que los vampiros no eran más que unos infectados. Es cierto que los envolvía un halo romántico. Ya sabe, el legado de Stoker, Lugosi y Coppola, pero eran unos elitistas; unos snobs que despreciaban la vulgaridad de la mayoría, y esa fue la causa de su extinción.
–¿Desaparecieron?
–No podía ser de otra forma. Por muy guais que se la dieran, al final pudo la cantidad sobre la calidad. No podían alimentarse de los zombis y encima estos les disputaban cada presa con la fuerza de su número. Eso sin contar con que los hombres no se dejaban comer fácilmente. Ni por unos ni por otros.
»Hubo un vampiro de nueva hornada, un tal Reverendo Hopkins, que se convirtió en todo un cazador de zombis.
–¿Qué ocurrió con él?
–Cuentan que cayó en una profunda depresión y que un buen día quiso ver el amanecer.
»Otros dicen que acabó criando su propia reserva de hombres en una isla libre de infección. ¿Quién puede saberlo?
–¿Y cuándo tuvo este sueño?
–¿Sueño? ¡No, mi buen doctor! Es todo real.
–No lo entiendo. Discúlpeme.
»Ha hablado de años de Apocalipsis Zombi. De vampiros extinguidos y del colapso de la humanidad… ¿Y me va a decir que eso ya ha pasado?
–¿Qué día es hoy?
–3 de febrero.
–¿Año?
–2.017.
–Ahhhh… ¡Ya comprendo! Mea culpa; tiendo a mezclar los años. Se debe a la moda. Ayer se llevaba la minifalda, hoy la falda hasta los pies y mañana de nuevo las piernas al aire. Hombres con barba que recuerdan a sus bisabuelos, y abuelos que visten como sus nietos. Y la ropa vaquera, que viene y va con el viento.
»¡Así no hay forma de aclararse!
–¿Me está diciendo que todo eso va a suceder?
–¡Premio para el doctor!
–Entiendo… ¿Y por qué me lo cuenta?
–Tenía ganas de hablar de ello, y no puedo buscar la complicidad del clero, como usted comprenderá.
–...
–Bueno, doctor. Debo dar por terminada la sesión.
–¿Nos vemos la semana que viene?
–No creo que pueda... Que usted pueda.
»Adiós, doctor Greyes.
–¡Menudo personaje! Digno de estudiar…
»Bárbara, haga el favor de retener un momento al señor Milton.
–¿Milton? Lo siento doctor, pero acaba de salir el señor Gualterio Langa. Y no tengo a ningún  Milton en la agenda.
–¿En serio? Interesante. Me habré dormido.
–Por cierto, doctor. ¿Podría tomarme el resto del día libre? Tengo a mi madre enferma, con un virus o algo por el estilo, y sólo queda por entrar el señor Quijano.
–Por supuesto, Bárbara. Váyase tranquila; yo me encargo de cerrar.
»Espero que se mejore.
–Hasta mañana, doctor.
–Hasta mañana.
»Señor Quijano. Puede pasar.
Mientras David Quijano se acomodaba en el diván tras descalzarse las botas de senderista que usaba para el trabajo, el doctor Greyes se dio cuenta de que había garabateado sin darse cuenta tres nueves en la libreta... ¿O eran tres seis?


B.A.: 2.017

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Serie Adolfo Milton

Safe Creative #1704071638931

jueves, 30 de marzo de 2017

Sesión doble de «Érase una vez en Rebis»



Como la Semana Santa se acerca y es más complicado encontrar tiempo para este Rebis que lucha por salir de mi cabeza, os ofrezco una sesión doble de la space opera «Érase una vez en Rebis».

Aquí tenéis los enlaces:

Érase una vez en Rebis - Capítulo 9. Caballo deTroya


Resumen de los capítulos anteriores: Sin poder contar con César, rodeados de los peligrosos androides Africanos, el pentágono Sirio no tiene mucha esperanzas de completar el ejercicio.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Los miembros del pentágono Sirio habían sido despojados de sus equipos. César era un bulto más en la montaña de pertrechos militares que los androides habían almacenado sobre el nivel superior de la plataforma móvil, ajeno desde la inconsciencia a la tragedia que se desarrollaba a su alrededor.

Érase una vez en Rebis - Capítulo 8. El eslabón débil


Resumen de los capítulos anteriores: Ajeno a las intrigas que tienen como escenario la estación espacial Rebis, el pentágono Sirio se sumerge en un complicado ejercicio con fuego real, en total desventaja contra los peligrosos androides Africanos. ¿Quién de los cinco jóvenes sentirá en su organismo los efectos de la pastilla blanca?
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Podían moverse sin el impedimento de las máscaras respiratorias. Avanzaban ligeramente agachados, las armas prestas, siguiendo las indicaciones del satélite UEA que los guiaba hasta la última posición conocida del campamento enemigo. Durante el segundo alto que ordenó Héctor para estudiar el mapa, Benjamín se aproximó a César y le comentó algo en voz baja, a lo que el muchacho respondió arqueando las cejas entre extrañado y pensativo, hecho que no pasó desapercibido al instructor Ramiro Corbacho. Seguía el ejercicio desde la sala de control y ese acercamiento, cuando era de dominio público la enemistad trenzada entre los dos chicos, no era normal.

martes, 14 de marzo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 7. Ejercicio con fuego real


Resumen de los capítulos anteriores: Algo está ocurriendo. Alienígenas y humanos se han unido por un fin común, y la estación espacial Rebis es testigo excepcional de la alianza. Ajeno a todo esto, el pentágono Sirio se prepara para enfrentarse a un ejercicio con fuego real. Durante su desarrollo, se encontrarán con un conocido nuestro.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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La pequeña sala rezumaba un inconfundible aire militar. Rodeados de la gama de naranjas y grises identificativas del ejército rebisiano, los miembros del pentágono Sirio atendían a las explicaciones que les daba Santa, su intendente, tras ordenar con fanatismo castrense el equipo que había elegido para el ejercicio.

viernes, 3 de marzo de 2017

El laberinto de Blackwwod

Fotografía de Javier A. Bedrina

Nota: «El laberinto de Blackwood» fue mi propuesta para el I Concurso de Relatos «Luna Literaria» convocado por la Revista Lúdico-Cultural MoonMagazine. La extensión máxima de la obra debía ser de 8 folios formato A4, mínima de 6, y estar escrita en Time New Roman de tamaño 12 y doble espacio, por lo que os vais a encontrar con un relato más largo de lo que os tengo acostumbrados.
El tema del concurso era libre, pero debía inspirarse en una fotografía del fotógrafo Javier A. Bedrina que los organizadores distribuían al azar entre los participantes. Además de aspirar a un premio en metálico, los diez primeros relatos clasificados formarían parte del libro «Luna Literaria 2016».
De los 257 relatos presentados, «El laberinto de Blackwood» quedó en el puesto número 12, el 2º de la reserva, por lo que estoy más que satisfecho.

viernes, 24 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 6. Constanza




Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis ocurren cosas de lo más normales, y así, nos encontramos a César Tirana, un joven con los problemas e inquietudes propios de la adolescencia, y a Nacho y Tina, una pareja de enamorados que disfruta de la estación abrazados por la cintura.
Pero también nos podemos encontrar situaciones tan extraordinarias como la defensa de Samuel Faro y sus hombres del hangar 335 o la llegada de una raza alienígena desde el lejano Hilión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:


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Eolo se había tomado la noche libre. Quizás ayudaba al sinvergüenza de Zeus en una de sus cacerías, meciendo la lluvia dorada que sorprendía los sueños de alguna bella joven, o a lo mejor soplaba las copas que le pasaba Dionisio en alguna tabernucha de olor agrio. Sea como fuere, no corría nada de aire, y el denso olor de la mermelada de fresa, a cuya elaboración habían dedicado las hermanas la jornada, cubría la calle como un pesado manto.

martes, 7 de febrero de 2017

La leyenda de Selene y el gato


Nota: Relato presentado a un concurso de la comunidad "Relatos Compulsivos".

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Se cuenta que en el principio de los tiempos, cuando los continentes eran uno, la diosa Luna se asomaba todas las noches al inmenso espejo de aguas calmas que por entonces era el mar para ver reflejada su hermosura de plata.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 5. Aliens



Resumen de los capítulos anteriores: Tras conseguir repeler el ataque al hangar 335, Samuel Faro, con una refrescante naranjada en la mano, estudia con Sebastián Canela la posibilidad de que "Nelson" sea el responsable, llevándolos la conversación a reflexionar sobre la vida.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Las partículas de materia que bailaban la danza del olvido en el silencio del espacio, del tiempo y de la memoria, fueron reducidas a niveles infinitesimales al colisionar con la astronave alienígena en su viaje a la velocidad de la luz. El piloto ordenó la deceleración cuando alcanzaron lo que la cosmografía terrícola llamaba Marte, y el esbelto aparato recorrió en modo invisible el último tramo del corredor de vuelo que traía a los expedicionarios desde la lejana Hilión.

viernes, 20 de enero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 4. Reflexiones ante una naranjada



Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis, mientras Samuel Faro, miembro de una organización clandestina, debe defender los últimos componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei de un ataque inesperado, Nacho y Tina, dos adolescentes que disfrutan de la tarde del viernes, serán testigos de un curioso acontecimiento.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El agua le corría a Samuel por el caudal de los omóplatos. Tenía las manos apoyadas en la mampara de cristal, la cabeza laxa entre los brazos estirados, y a cada nuevo bip del programa, su cuerpo recibía una generosa dosis de antiinflamatorios en las zonas más castigadas. El guerrero, exhausto y dolorido, se dejaba hacer.

jueves, 5 de enero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 3. Un paseo por las nubes



Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis, mientras César se enfrenta a los problemas e inquietudes propios de la adolescencia, Samuel Faro, miembro de una organización clandestina, debe defender los últimos componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei de un ataque inesperado.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Nacho y Tina pensaban que no podía haber nadie más feliz que ellos dos; eso era inconcebible e incuestionable. ¿Y quién podría reprochárselo? Todos los adolescentes tienen esa certeza la primera vez que se enamoran –ocurrió antes, ocurre ahora y ocurrirá siempre–, y maldito sea mil veces el que levante el velo de la verdad ante ellos.