lunes, 4 de diciembre de 2017

Easter eggs


Nota: Mensaje de Arecibo cumple 4 años, y para celebrarlo os regalo
este relato cargado de humor y, por qué no, de autopromoción.
Muchas gracias a todos.

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–Sr. Vivas.
–¿Sí, maestro?
–Voy a corregir su trabajo.
»Acérquemelo, por favor.
–Ahora mismo, maestro. Y ya le digo que esta vez lo voy a sorprender.
–Miedo me da.

o          O          o

Mensaje de Arecibo
Trabajo realizado por Álvaro Vivas Alborch (3A)

Tras Arecibo se encuentra el escritor amateur que responde a las siglas B.A., de las que no ha trascendido su significado.
Desarrolla su infancia en los ochenta, y son las películas y series de televisión de aquel entonces las que inflaman su imaginación, siendo fácil de apreciar cierta nostalgia ochentera en todas y cada una de las entradas de su blog.
En sus relatos, que no suelen superar las 1200 palabras de extensión, ha tratado casi todos los temas, siendo el fantástico el que practica con mayor asiduidad, con predilección al subgénero del apocalipsis zombi, tan de moda gracias a la serie de televisión The Walking Dead. En la actualidad se halla embarcado en su proyecto más ambicioso y personal, la «space opera» de corte clásico que lleva el nombre de Érase una vez en Rebis.
Entre sus características principales se encuentra la búsqueda de nombres significativos con los que bautizar a sus personajes. Todos ellos tienen su razón de ser, siendo por lo general guiños literarios o cinematográficos, y así, mientras que la protagonista de La vichyssoise de la mujer barbuda se llama Andrea por el personaje que interpreta Victoria Abril en Kika, compartiendo con su homónima una cicatriz que le cruza la cara, el ficticio director de cine Edu del Bosque, creador de la saga de serie B Zomblince, extrae su nombre del injustamente llamado «Peor director de la historia», como se conoce a Ed Wood. Diego Leal, agente en suelo extranjero que ya ha protagonizado tres relatos, toma su nombre directamente de James Bond, el famoso 007 creado por Ian Fleming, pues tanto Diego como James (Jaime) son variantes del nombre propio de origen hebreo Ya'akov, y en cuanto a la recurrente figura del Diablo, encarnado por el banquero Adolfo Milton, no es difícil ver que toma su apellido del autor de El paraíso perdido.
Dejando a un lado el tema de los nombres, de lo que se podría hablar largo y tendido, otra característica de este autor novel es el uso continuado de los llamados huevos de pascua (easter eggs en inglés), referencias a relatos anteriores con las que crea un universo propio en constante expansión donde se mueven sus personajes con total familiaridad. Así, el bar La Capilla, que aparece en Las reglas del Muerto, es también el escenario donde arranca Una moneda para Caronte; el personaje secundario Sex Machine aparece tanto en También los piratas tienen madres como en El pasado perdido, y los centenarios muros de San Lázaro resisten la amenaza zombi en Instinto primario y en Riesgo biológico. La revista científica Qué curioso, el reverendo Hopkins, o la agencia de viajes Fiumicino & Sierra son otros easter eggs con los que nos podemos tropezar en la lectura del blog.
Se han dado casos de huevos de pascua muy complejos, hasta el punto de enlazar varios relatos. Como ejemplo, podemos nombrar la ficticia saga de películas de terror Zomblince que aparece tanto en el relato que lleva su nombre como en Juega conmigo. La cuarta parte de esta saga es el videojuego de moda en Paisaje nevado, y podemos conocer a Fina, una de sus programadores, en El laberinto Blackwood, donde también nos tropezaremos con la agencia de viaje Fiumicino & Sierra.
Otra cadena es la que empieza en La sonrisa delDiablo, donde Adolfo Milton, nuestro Diablo particular, conoce a un fan acérrimo de Óscar von Morbius, uno de los grandes magos del momento. A este mago lo veremos también en El pasado perdido, compartiendo relato con el pistolero Sex Machine y con Yuri Vasílievich, presidente de la república de Vinavitán, país ficticio surgido tras la disolución de la antigua Unión Soviética. Y será el embajador en España de Vinavistán quien aparezca en la aventura Siempre llueve en Torreblanca, del agente Diego Leal. De esta forma, podríamos seguir encadenando más y más títulos.
Participante asiduo en varios blogs y comunidades de escritores, ha ganado algunos certámenes […]

o          O          o

–Sr. Vivas.
–¿Sí, maestro?
–No sé si usted se está cachondeando de mí o si realmente su cerebro encharcado de reguetón no da más.
–¿Por qué lo dice, maestro?
–En primer lugar, se nota a leguas que el trabajo lo ha realizado cortando y pegando de una página web.
»Copy/Paste, no sé si me explico.
–No es así, maestro. Lo he sacado todo de Internet, claro, pero he usado mis propias palabras…
»Como usted nos tiene dicho.
–A ver, criatura. Déjeme un momento… Sí, aquí. En el primer párrafo ha usado la palabra «trascendido».
»¿Sabe lo que significa?
–Mmmmm… Sí maestro. Que le gusta vestirse de mujer. ¿Verdad?
–Lo has clavado, macho. Lo has clavado…
–¡Y que quede claro que no estoy en contra de transcendidos!
–Por supuesto que no, Sr. Vivas. No lo pongo en duda… En segundo lugar, le recuerdo que NO estamos en clase de Lengua y Literatura de la Srta. Apellániz. Cuando os encargué un trabajo sobre el mensaje de Arecibo, me refería al mensaje lanzado desde el radiotelescopio de Arecibo en 1974, y que fue diseñado por Carl Sagan, junto con otros astrónomos. Aquí no nos interesa un escritorzuelo de tres al cuarto que deja sus paridas creativas en un blog de Internet.
»Ya veo la cuenta que echa en clase.
–No diga eso, maestro.
–No sé entonces que quiere que diga.
»Aunque llevaba razón en una cosa: me ha sorprendido.
–…
–Tome su trabajo con el correspondiente 0 y vuelva a entregármelo mañana, escrito con sus propias palabras, por supuesto.
–Ofú maestro.
–Pues eso.
»Y busque el significado de «trascender», por favor.


B.A.: 2.017


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martes, 21 de noviembre de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 17. Xenoglosia



Resumen de los capítulos anteriores: César está en el punto de mira del asesino a sueldo Ignacio Caneca. Sólo en el último segundo, una extraña presencia femenina logra salvarlo.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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César miraba sin ver la azulada esfera que flotaba allá arriba, inalcanzable, al otro lado del mirador exclusivo oculto tras el cabecero de su cama. Llevaba mucho tiempo con la cabeza envuelta por el transparente casco de androide que remataba su cuarto, rememorando una y otra vez los extraordinarios acontecimientos de la jornada…

lunes, 23 de octubre de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 16. ¡Atentado!



Resumen de los capítulos anteriores: Los nanobots han confirmado que César es capaz, sin saberlo, de descifrar el código con el que se comunica Nelson. Samuel y Sebastián deben atraerlo a sus filas antes de que el enemigo contacte con él o decida su eliminación.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Ssssssswimmmmm, swimmmmm. Ssssssswimmmmm, swimmmmm. Ssssssswimmmmm, swimmmmm… El patinador cogía aire por la nariz y lo expulsaba por la boca, acompasando la respiración a la fluida cadencia del movimiento. Realizaba giros cerrados en torno a los peatones que se cruzaban en su camino, el cuerpo encogido para oponer la menor resistencia, generando una corriente de aire multicolor que provocaba alguna que otra maldición entre los indignados obstáculos que quedaban rápidamente atrás.

lunes, 16 de octubre de 2017

Ángel de alas borrosas


Nota: Relato ganador del concurso de octubre de "El tintero de oro",
convocado por el blog "Relatos en su tinta".
Corregido por Grisel R. Núñez (www.cafeteradeletras.com)




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Inspirado en hechos reales

Desde muy pequeño supe que un ángel velaba mis sueños. Mi madre, como madre que era, siempre escuchaba tan extraordinaria afirmación con una dulce sonrisa en los labios, alentándome a contarle los pormenores tras prepararme un gran tazón de Cola Cao. Mi padre, en cambio, nunca fue dado a confidencias. Aunque nuestra relación siempre ha sido correcta, de cariñoso tiene lo justo, por razones pasadas y familiares que nunca tuvo necesidad de revelarme, y resolvía la cuestión con un gruñido incrédulo que disparaba con certeza de francotirador por encima del libro que estuviera leyendo en ese momento. Pero mi ángel de la guarda existía y cada noche notaba su presencia como una cálida presión sobre la espalda que me ayudaba a vadear las aguas embravecidas por los vientos oscuros de las pesadillas.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Nuevo en esta plaza


Nota: Relato para el concurso de septiembre de "El tintero de oro",
convocado por el blog "Relatos en su tinta"


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–Los ciudadanos merecen saber la verdad.
–¿Verdad? ¿Qué verdad?
–La que oculta este despreciable espectáculo.
Algo de trascendencia debe haber ocurrido en el coso taurino pues el público se ha levantado como una ola multicolor de los duros asientos de piedra que las maltrechas almohadillas apenas ayudan a hacer confortables, llamando la atención de los contertulios con los vítores y aplausos que atronan el cielo mediterráneo. Don Valerio Harnero de la Mar, propietario de la ganadería Mordelón, contrae el gesto, disgustado, y hacia su yerno acerca el oído para que le cuente los pormenores de lo ocurrido durante el Tercio de Varas.

miércoles, 26 de julio de 2017

Flores para Camden Square



Siempre tomo el metro en la estación de Bayswater para ir a Camden. Tengo formas más directas de llegar allí desde mi pequeño apartamento de alquiler en Queensway, lo sé, pero en King´s Cross hago transbordo en la línea de autobús 390, y el hormigueo incesante y cosmopolita de la estación es un espectáculo que siempre me gusta disfrutar. 

sábado, 15 de julio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 15. Los nanobots



Resumen: Rebis se despide... hasta septiembre. Y para celebrar la llegada de las vacaciones, nada mejor que un nuevo capítulo y una promesa cumplida: os dejo el enlace para que podáis descargaros los 15 primeros capítulos de esta space opera en formato epub. Ni que decir tiene que si encontráis algo problema con el archivo o la descarga me lo indiquéis para que lo pueda resolver lo antes posible.



Y ahora el nuevo capítulo. Buen verano.

Resumen de los capítulos anteriores: La orden para el uso de los nanobots ya ha sido firmada, pero antes de poner en ejecución el operativo, Samuel debe dejar constancia en un informe las razones de tan drástica decisión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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La estación tenía problemas de plagas. Como ya ocurriera en la Santa María o en el Mayflower, toda suerte de fauna emigrante había viajado escondida en los vehículos de enlace con la Tierra para hacer de Rebis su hogar de acogida.
De entre todas ellas destacaban los «bicheros», la especie autóctona de la era espacial, insectos así llamados por sus largas patas delanteras, acabadas en una garra ganchuda, que mantenían recogidas ante la cabeza. Estos pequeños seres habían evolucionado durante generaciones para hacer de las condiciones extremas del espacio su habitad natural, los primeros en escapar cuando la astronave en la que viajaban estaba destinada a la catástrofe, y era todo un espectáculo ver cómo tejían a su alrededor una burbuja de oxígeno para alejarse flotando del vehículo sentenciado como pompas de jabón. Entonces les llegaba el turno de esperar, y esperaban, esperaban, esperaban,… racionando el oxígeno hasta que recalaban en un nuevo huésped, al que se agarraban con la ayuda de los ganchos de sus patas delanteras, o morían de alguna de las muchas formas de las que se puede morir en el espacio.

domingo, 9 de julio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 14. El informe Tirana



Resumen de los capítulos anteriores: Sebastián Canela, como empresario y amante de Arte, sabe mejor que nadie cuál es el sabor de la codicia, y se sorprende descubriéndola en el fondo de los ojos de Samuel Faro.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Samuel se encontraba cómodo trabajando allí abajo, junto a Mio. Había instalado su equipo en la pequeña sala circular ya libre de gases, y en ella se encerraba cuando tenía que pensar, como ocurría en aquella ocasión.
La autorización para el uso de los nanobots ya estaba firmada, pero antes de darle curso debía acompañarla de un informe para el controlador. Y en eso estaba, recordando el orden correcto de los acontecimientos que habían llevado a tan drástica decisión, ocurridos tras una conversación en la que Sebastián lo acusó de no ser humano...

viernes, 30 de junio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 13. El sabor de la codicia



Resumen de los capítulos anteriores: Al final de un largo corredor, encerrada en un círculo de horrores, Samuel Faro a la bella Mio.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El Viejo, Jeremías. Seudónimo del empresario e investigador químico rebisiano Jeremías García Montenegro (2.322 - ).
Siendo muy joven, hereda la empresa familiar de logística Jeremías e Hijo, llevándola a cotizar en bolsa cuando se hizo con el monopolio del transporte entre la Tierra y Rebis. Con 53 años comienza sus estudios universitarios de química, donde sus compañeros lo apodarán como el Viejo. Cuatro años después, descubre y patenta el GMV-57, una sustancia de máxima viscosidad que absorbe casi la totalidad de los traumas externos que pueden producirse en el viaje espacial, revolucionando el transporte de mercancías delicadas.
A los 75 años cede la dirección del imperio, rebautizado como Tres Jotas Logística, a su hijo Jeremías, al que llamarán el Joven.

Datos extraídos de WikiRebis

lunes, 5 de junio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 12. Sirenas



Resumen de los capítulos anteriores: Un mensaje extraño ha llegado al ordenador personal de Sebastián Canela. Habla de un corredor oculto y de un secreto escondido. Samuel será el encargado de explorarlo.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Los escollos estaban salpicados de espuma de mar, maderas podridas y recuerdos de vidas pasadas. Las sirenas elevaban sus cantos hacia la nave en huída y los fieles compañeros de Odiseo, sordos a las súplicas y amenazas que les gritaba su rey desde el mástil al que se había ordenado atar, batían las aguas cristalinas con lo remos, espoleados por el más ciego de los terrores.
Samuel dejaba atrás las puertas que tachonaban las paredes del corredor sólo por férrea voluntad. Aún sabiendo que iban por buen camino... ¡Aún sabiendo que ése era el único camino!, el rebisiano que llevaba dentro le ponía en constante duda, animándolo a entrar en alguna de las habitaciones laterales. ¿Y si en algún momento habían girado y estuvieran andando sobre sus pasos? ¿Y si el mensaje fuera falso? ¿Y si estaba equivocado y sus hombres seguían vivos? ¿Y si…?
Hacía varias horas que exploraban el corredor sin que se produjera ningún cambio, y Samuel empezó a identificarse con el gato de los dibujos animados que persiguiendo al ratón ve pasar una y otra vez la misma puerta, la misma lámpara, el mismo piano… ¿Cuántos pianos puede haber en una casa? Aunque, si era totalmente sincero consigo mismo, algo sí había cambiado; la atracción que sintiera en el despacho de Sebastián era más intensa con cada paso que dada.
–Lo siento, Señor –dijo el soldado Diego Masía, colocado a su derecha, cuando la boca de su arma le rozó a la altura de las costillas–. He chocado contra la pared.
Desconcertado, Samuel clavó la mirada en el turbado joven, el delgado hilo de los pensamientos rotos, para luego seguir la pared hasta el final del corredor, que se le antojó más iluminado que al principio. ¿Sería víctima de un espejismo? «He chocado contra la pared», se había excusado el soldado. Guiado por un soplo de inspiración, Samuel midió a zancadas el ancho del pasillo, comprobando que se había reducido notablemente. Todo parecía indicar que el final del corredor se hallaba cerca y así se lo hizo saber a sus hombres, encabezando de nuevo la marcha.
–Señor –la voz del soldado Masía, antes firme pese al bochorno, denotaba ahora una tremenda inseguridad–. Algo no va bien. Noto como si me... llamaran –concluyó sin convicción, ante lo que su compañero de armas estalló en una tremenda risotada para enojo de Samuel.
–Gabriel Esteban Asenjo –el aludido apretó los dientes como si su superior lo hubiera abofeteado, conteniéndose de mala gana. Odiaba el nombre con que lo había bautizado su padre un día de borrachera, y más de una pelea dio comienzo cuando labios indebidos lo habían pronunciado–. No toleraré de nuevo ese tipo de comportamiento...
»Además, yo también lo noto.
–Pues yo no –escupió entre dientes Gab, como lo llamaban los colegas de juerga y pelea los días de permiso–. Malditos zumbados josdep...

*        *        *

El corredor se inundó de ruido, ahogando los oídos del trío parapetado tras el androide de carga. Disparaban hacia el humanoide de brazos largos, colmillos animales y mirada fiera que se había materializado ante la puerta en la que terminaba el corredor, plantado como el portero de una discoteca que se reserva el derecho de admisión.
Ciego y asfixiado por los gases de las armas incandescentes, Samuel detuvo el fuego con sendos golpes en los cascos de sus hombres, calándose como ellos la máscara de oxígeno, y en tensa posición de defensa esperaron hasta que la niebla grisácea terminó por diluirse, lo que hizo muy lentamente debido a la falta de ventilación. El rectángulo de la puerta se había agrandado de forma irregular, acribillado todo su alrededor por los impactos de los proyectiles perdidos, y de la grotesca aparición no quedaba más que sus restos esparcidos en varios metros a la redonda. Nada de sangre o vísceras, sólo polvo y cascajos recordaban al centinela.
–¡Una estatua! ¡¡UNA JODIDA ESTATUA!! –bramó el soldado Asenjo tras patear la mascarilla resquebrajada del enemigo vencido, y el sentimiento de frustración, aunque no quisieran reconocerlo sus compañeros, era generalizado. Se habían comportado como niños asustados ante una videollamada a medianoche; sólo había sido necesario un pequeño empujón para que el miedo les nublara la razón, delatando su presencia con un ataque innecesario. Molesto consigo mismo, Samuel se adelantó a sus hombres entre chasquidos y lamentos de cascotes, y examinó a la luz del foco la estancia que guardara el inofensivo centinela.
–Camino despejado. Soldado Masía, deme la posición.
–No se lo va a creer, Señor –la pantalla del sistema de posicionamiento UEA iluminaba desde abajo su rostro lampiño–. Estamos bajo el Salón Prometeo.
¿El salón de reuniones de Rebis? ¿Sabría su constructor de la existencia de la sala subterránea? Era aquella un habitáculo circular sin más salida que la que bloqueaban. De reducidas dimensiones, el foco la iluminó en su totalidad, proyectando muros de compacta sombra al impactar con cada una de las estatuas allí diseminadas, colocadas para formar un círculo de horrores en torno a la más bella imagen que jamás antes hubieran visto. La delicadeza de las líneas con las que el escultor había esculpido a la joven contrastaba con los trazos duros y agresivos de las formas circundantes, y la policromía era exquisita. Tenía un aire a la desaparecida sirenita de Copenhague, aunque vestía sus curvas con etérea gasa delicadamente cincelada, y mantenía la mirada fija en un punto situado más allá de la puerta destrozada, sus perfectos rasgos surcados por pequeñísimas arrugas de suprema concentración. ¿Cuál podría ser el objeto de estudio de aquellas dos gotas de ámbar que tenía por ojos? En ese canal de energía sólo se encontraba la estatua ahora destrozada, curiosamente la única que rompía el círculo de monstruos, como si la hubieran empujado hasta sacarla de la habitación. ¿Tenía sentido aquello? Samuel dejó las teorías y conspiraciones a un lado y se abandonó a la contemplación de la diosa, situándose junto al soldado Masía que también se mostraba embelesado por ella.
Gab, que no sabía qué pensar del trance místico en el que se habían sumido Samuel y el pipiolo de su compañero, dio una vuelta completa por el borde exterior del círculo, sin sentirse con ánimos de atravesarlo hasta que no llegó a su punto de ruptura. Estudió al trío estático, deslizando la vista por las sugerentes curvas de la imagen, pero pronto encontró aburrida la húmeda exploración; no había piedra que pudiera compararse con la calidez y turgencia comprada a bajo precio en cualquier tugurio de la zona vieja de Rebis.
–Caballeros. Id a la base en busca de algunos hombres más. Inmediatamente –Samuel había vuelto a la razón y las consecuencias se preveían agotadoras para los dos soldados–. Quiero todo esto fuera de aquí lo antes posible. Todo, menos a ella.
»Podéis llevaros el foco, no lo necesito.
Y allí quedó Samuel, sentado en el suelo con la vista clavada en aquellos ojos dorados ahora libres de tensión, sumiéndose en una oscuridad cada vez más densa a medida que los hombres se alejaban de la sala con la ira y el foco encendidos. Lo último que los soldados escucharon antes de que el crujido de las suelas acallaran la voz de su superior fue: «Por fin te he encontrado, Mio».


B.A.: 2.017


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lunes, 29 de mayo de 2017

En tierra de nadie


Nota: «En tierra de nadie» fue mi propuesta para el reto especial convocado por la comunidad Relatos Compulsivos para celebrar su primer año de vida. El relato debía tener una extensión máxima de 350 palabras y empezar por la frase «Hoy hace un año».
Compartió la tercera posición en el concurso con un gran autor, Héctor Fariña, por lo que tuvo el honor de ser leído en directo en el programa «Vérsame mucho» de Raquel Fraga. Al final del relato he colgado un pequeño vídeo con la lectura de aquel día.

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Hoy hace un año que nos conocimos en Ypres. Era la primera Navidad que pasaríamos alejados de la familia, hundidos en la miseria de una guerra que duraba ya cinco meses, y todos, a ambos lados de la treintena de metros que separaba nuestras trincheras, echábamos en falta el calor del hogar.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 11. Dentro del laberinto



Resumen de los capítulos anteriores: Tras creer que el ejercicio de fuego real había sido un completo desastre, Samuel Faro informa a Julia que se les ha dado por bueno, provocando un acercamiento entre la chica y César largo tiempo esperado.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El virus funcionó con la eficacia esperada. El programa ejecutado por Samuel eliminó del dispositivo de Julia cualquier pista que pudiera señalarlo como responsable del envío del archivo sonoro –«Te mando un canto a la esperanza, pero también de lucha contra la opresión», había escrito en el mensaje adjunto–, medida más que necesaria en aquella cueva de lobos que era Rebis; nunca se sería lo suficientemente precavido en la estación. Tras comprobar que el borrado se había realizado de manera satisfactoria, Samuel se reunió con los seis soldados que lo acompañaban, centrando como ellos la atención en el trabajo metódico y cauteloso del androide de carga.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 10. Bocho, Los Suaves y el Kobayashi Maru


Resumen de los capítulos anteriores: El ejercicio con fuego real fue superado gracias a la alianza no esperada entre César y Benjamín. Pero los miembros del pentágono Sirio no contaban con el instructor Corbacho, que dio la victoria por nula alegando que habían hecho trampas.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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A Benjamín le volvía a sangrar la nariz. Con la culpabilidad tiñéndole de rojo las mejillas, Julia hurgó en todos y cada uno de los bolsillos del traje de combate que aún vestía, a la búsqueda de un pañuelo con el que parar la hemorragia de su compañero. Fue entonces cuando un ángel desaliñado acudió en su ayuda, ofreciéndoles un paquete de pañuelos sin desprecintar con tanta diligencia que rayaba el servilismo.

jueves, 20 de abril de 2017

Terapia para el señor Milton



Llevaba más de quince años ejerciendo la psiquiatría. En ese tiempo, el doctor Edmundo Greyes había aprendido que nada relajaba más a sus pacientes que el encontrarse en un entorno conocido, esperado, aunque lindara ridículamente con la teatralidad. Así, lo primero que vio el señor Milton cuando entró en el despacho fue un enorme diván junto al que esperaba sentado el psiquiatra con las piernas cruzadas, sosteniendo entre sus manos una libreta y un lápiz bien afilado. Todo muy hollywoodiense. «Cuénteme», le animó el doctor Greyes mirándolo por encima de sus gafas de montura metálica, y Adolfo Milton, estirado cuan largo era sobre el diván, se dejó ir, desgranando una historia de tintes pesadillescos que ya duraba un buen cuarto de hora.

jueves, 30 de marzo de 2017

Sesión doble de «Érase una vez en Rebis»



Como la Semana Santa se acerca y es más complicado encontrar tiempo para este Rebis que lucha por salir de mi cabeza, os ofrezco una sesión doble de la space opera «Érase una vez en Rebis».

Aquí tenéis los enlaces:

Érase una vez en Rebis - Capítulo 9. Caballo deTroya


Resumen de los capítulos anteriores: Sin poder contar con César, rodeados de los peligrosos androides Africanos, el pentágono Sirio no tiene mucha esperanzas de completar el ejercicio.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Los miembros del pentágono Sirio habían sido despojados de sus equipos. César era un bulto más en la montaña de pertrechos militares que los androides habían almacenado sobre el nivel superior de la plataforma móvil, ajeno desde la inconsciencia a la tragedia que se desarrollaba a su alrededor.

Érase una vez en Rebis - Capítulo 8. El eslabón débil


Resumen de los capítulos anteriores: Ajeno a las intrigas que tienen como escenario la estación espacial Rebis, el pentágono Sirio se sumerge en un complicado ejercicio con fuego real, en total desventaja contra los peligrosos androides Africanos. ¿Quién de los cinco jóvenes sentirá en su organismo los efectos de la pastilla blanca?
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:
Érase una vez en Rebis - Capítulo 7. Ejercicio con fuego real

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Podían moverse sin el impedimento de las máscaras respiratorias. Avanzaban ligeramente agachados, las armas prestas, siguiendo las indicaciones del satélite UEA que los guiaba hasta la última posición conocida del campamento enemigo. Durante el segundo alto que ordenó Héctor para estudiar el mapa, Benjamín se aproximó a César y le comentó algo en voz baja, a lo que el muchacho respondió arqueando las cejas entre extrañado y pensativo, hecho que no pasó desapercibido al instructor Ramiro Corbacho. Seguía el ejercicio desde la sala de control y ese acercamiento, cuando era de dominio público la enemistad trenzada entre los dos chicos, no era normal.

martes, 14 de marzo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 7. Ejercicio con fuego real


Resumen de los capítulos anteriores: Algo está ocurriendo. Alienígenas y humanos se han unido por un fin común, y la estación espacial Rebis es testigo excepcional de la alianza. Ajeno a todo esto, el pentágono Sirio se prepara para enfrentarse a un ejercicio con fuego real. Durante su desarrollo, se encontrarán con un conocido nuestro.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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La pequeña sala rezumaba un inconfundible aire militar. Rodeados de la gama de naranjas y grises identificativas del ejército rebisiano, los miembros del pentágono Sirio atendían a las explicaciones que les daba Santa, su intendente, tras ordenar con fanatismo castrense el equipo que había elegido para el ejercicio.

viernes, 3 de marzo de 2017

El laberinto de Blackwwod

Fotografía de Javier A. Bedrina

Nota: «El laberinto de Blackwood» fue mi propuesta para el I Concurso de Relatos «Luna Literaria» convocado por la Revista Lúdico-Cultural MoonMagazine. La extensión máxima de la obra debía ser de 8 folios formato A4, mínima de 6, y estar escrita en Time New Roman de tamaño 12 y doble espacio, por lo que os vais a encontrar con un relato más largo de lo que os tengo acostumbrados.
El tema del concurso era libre, pero debía inspirarse en una fotografía del fotógrafo Javier A. Bedrina que los organizadores distribuían al azar entre los participantes. Además de aspirar a un premio en metálico, los diez primeros relatos clasificados formarían parte del libro «Luna Literaria 2016».
De los 257 relatos presentados, «El laberinto de Blackwood» quedó en el puesto número 12, el 2º de la reserva, por lo que estoy más que satisfecho.

viernes, 24 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 6. Constanza




Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis ocurren cosas de lo más normales, y así, nos encontramos a César Tirana, un joven con los problemas e inquietudes propios de la adolescencia, y a Nacho y Tina, una pareja de enamorados que disfruta de la estación abrazados por la cintura.
Pero también nos podemos encontrar situaciones tan extraordinarias como la defensa de Samuel Faro y sus hombres del hangar 335 o la llegada de una raza alienígena desde el lejano Hilión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:


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Eolo se había tomado la noche libre. Quizás ayudaba al sinvergüenza de Zeus en una de sus cacerías, meciendo la lluvia dorada que sorprendía los sueños de alguna bella joven, o a lo mejor soplaba las copas que le pasaba Dionisio en alguna tabernucha de olor agrio. Sea como fuere, no corría nada de aire, y el denso olor de la mermelada de fresa, a cuya elaboración habían dedicado las hermanas la jornada, cubría la calle como un pesado manto.

martes, 7 de febrero de 2017

La leyenda de Selene y el gato


Nota: Relato presentado a un concurso de la comunidad "Relatos Compulsivos".

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Se cuenta que en el principio de los tiempos, cuando los continentes eran uno, la diosa Luna se asomaba todas las noches al inmenso espejo de aguas calmas que por entonces era el mar para ver reflejada su hermosura de plata.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 5. Aliens



Resumen de los capítulos anteriores: Tras conseguir repeler el ataque al hangar 335, Samuel Faro, con una refrescante naranjada en la mano, estudia con Sebastián Canela la posibilidad de que "Nelson" sea el responsable, llevándolos la conversación a reflexionar sobre la vida.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Las partículas de materia que bailaban la danza del olvido en el silencio del espacio, del tiempo y de la memoria, fueron reducidas a niveles infinitesimales al colisionar con la astronave alienígena en su viaje a la velocidad de la luz. El piloto ordenó la deceleración cuando alcanzaron lo que la cosmografía terrícola llamaba Marte, y el esbelto aparato recorrió en modo invisible el último tramo del corredor de vuelo que traía a los expedicionarios desde la lejana Hilión.

viernes, 20 de enero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 4. Reflexiones ante una naranjada



Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis, mientras Samuel Faro, miembro de una organización clandestina, debe defender los últimos componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei de un ataque inesperado, Nacho y Tina, dos adolescentes que disfrutan de la tarde del viernes, serán testigos de un curioso acontecimiento.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El agua le corría a Samuel por el caudal de los omóplatos. Tenía las manos apoyadas en la mampara de cristal, la cabeza laxa entre los brazos estirados, y a cada nuevo bip del programa, su cuerpo recibía una generosa dosis de antiinflamatorios en las zonas más castigadas. El guerrero, exhausto y dolorido, se dejaba hacer.

jueves, 5 de enero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 3. Un paseo por las nubes



Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis, mientras César se enfrenta a los problemas e inquietudes propios de la adolescencia, Samuel Faro, miembro de una organización clandestina, debe defender los últimos componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei de un ataque inesperado.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Nacho y Tina pensaban que no podía haber nadie más feliz que ellos dos; eso era inconcebible e incuestionable. ¿Y quién podría reprochárselo? Todos los adolescentes tienen esa certeza la primera vez que se enamoran –ocurrió antes, ocurre ahora y ocurrirá siempre–, y maldito sea mil veces el que levante el velo de la verdad ante ellos.